Quentin Tarantino nos muestra una vez más que sabe hacer cine. Aunque no necesariamente admiro sus últimas obras,
Inglorious Basterds es definitivamente una película bien dirigida, que no sólo nos habla de la inteligencia del director sino tambien de su sensibilidad como cineasta.
El tema, repetido hasta en cansancio en Hollywood, esta vez se aborda desde una perspectiva diferente por tratarse de una ficción histórica que propone un final para el Fürher que para muchos representará el sueño que quisieran haber visto hecho realidad. Y la obra, de paso vuelve a exponer a Estados Unidos como los héroes que salvaron al mundo del gobierno Nazi, y obviamente, como ganadores de la guerra.
Independientemente de la ficción, del sub-mensaje nacionalista y de la clásica manera de exponer (y hasta quizá promover) la violencia que tiene Tarantino, creo que es muy valioso su trabajo de dirección de la obra.

La actuación de
Brad Pitt es como siempre excelente, pero la que me parece verdaderamente sobresaliente es la de
Christoph Waltz, que no solo habla con mucha fluidez cuatro idiomas en el filme, sino además logra representar a un personaje detestable y carismático al mismo tiempo.

La escena en la que Shossana Dreyfus (
Mélanie Laurent) es llevada a una comida con el asesino de su familia y los cineastas Nazis, esta representada con una gran delicadeza de actuación y dirección.
La banda sonora es muy buena, como en toda obra de Tarantino y la producción es impecable, como de esperarse.
Recomiendo verla con ojos críticos, como siempre.
/AV